Mi vida sin World of Warcraft

World of Warcraft /  Blizzard Entertainment

Como muchos miles antes que yo, entré por primera vez a World of Warcraft en un servidor no-oficial, lo cual es sólo una expresión agradable para decir que era un servidor pirata. A pesar de que Blizzard Entertainment tenía ya su historia en el inicio del Cataclismo, el servidor estaba apenas en los días de gloria de Wrath of the Lich King, considerada por muchos como la mejor expansión de todas. Mis primeras actividades fueron casi infantiles, corriendo por el mundo con un par de amigos. Como casi todos los videojuegos que solíamos jugar en ese entonces, eventualmente quedó olvidado por casi todo mi círculo. Yo, por primera vez, decidí quedarme. Explorando, aprendiendo, creciendo entre criaturas fantásticas (mal programadas) e historias épicas de la eterna lucha entre el bien y el mal (pésimamente implementadas). Cuando finalmente el servidor decidió actualizarse a Cataclysm, intenté buscar nuevas fronteras e intensas aventuras en un mundo completamente nuevo al que yo conocía. Me rendí rápidamente, tras experimentar una imposible cantidad de bugs, errores e imposibilidades.

World of Warcraft Wrath of the Lich King /  Blizzard Entertainment

La frustración fue tanta que me me rendí. Entonces, tuve que tomar una decisión: continuar en este universo pirata lleno de limitaciones y sombras de grandeza o trascender al verdadero juego, a los servidores oficiales. Había (aún hay) una versión de prueba que me dejaba, sin costo alguno, experimentar los primeros veinte niveles del juego sin gastar un centavo. Un gancho perfecto porque no pasaron ni un par de meses antes que, encandilado por un mundo virtual correctamente programado e infinitamente atractivo, compré el juego, todas sus expansiones, y mi primer mes de suscripción. Lo siguiente fueron largos meses de un ininterrumpido romance, en el que me adapté por completo a un mundo que menos de un año atrás había sido completamente alienígena, infantil. Me encontré inmerso en un mundo de dragones, guerreros, batallas e historias épicas en un momento en el cual el mundo real era lo que menos quería ver.

Llegó Mists of Pandaria y estuve, a mitad de la noche, formando parte de las primeras líneas de invasión en golpear la costa. Cada semana dedicaba treinta, cuarenta, cincuenta horas para conquistar todo lo que podía ser conquistado bajo el horizonte. Creé más de una decena de personajes y conseguí llevar a más de la mitad a nivel máximo. Hice amigos a los que nunca vi en persona y pasamos noches enteras venciendo enemigos y consiguiendo logros. Reuní un pequeño tesoro para no depender de nadie y me absorbí a tal punto que casi todos mis pensamientos rondaban el juego. Volverme mejor, hacerme más letal, trabajar más eficientemente. Incluso durante mis clases en universidad jugaba. Cada segundo que pasaba frente a la pantalla era un segundo que no quería desperdiciar haciendo algo más. No era una adicción, al menos no una que destruyera otros aspectos de mi vida: no perturbó mi rendimiento escolar, no me alejó de mi familia (no más de lo que ya lo estaba), no me impidió ver y salir con mis amigos de carne y hueso un par de días a la semana. Y lo más importante: era feliz.

World of Warcraft Mists of Pandaria / Suwalls / Blizzard

Pero eventualmente terminó por hacerse pesado. Con la llegada de Warlords of Draenor, World of Warcraft se convirtió en un lastre que debía cargar. ¿Seguir dedicando más de dos días enteros cada semana o sentir que desperdiciaba la “cada vez más cara suscripción” si no cumplía mis “cuotas mínimas” diarias? ¿Encargarme de la “cada vez más demandante vida universitaria y mantener mi estatus como buen estudiante”, o bajar mis estándares escolares y seguir intentando unirme a las ligas de los mejores jugadores del mundo? ¿Dormir lo suficiente como para no sentirme cansado todos los días, o desvelarme tratando de conquistar los infinitos logros bajo el sol?

Dejé World of Warcraft por primera vez en más de tres años hace poco más de catorce meses. Un largo descanso que se extendió hasta la salida de la actual expansión Legion. Lo retomé brevemente, pero lo volví a dejar ante la nueva presión que me había surgido cuando Blizzard nos dio a todos la oportunidad de pagar la suscripción con el dinero virtual del juego. Dinero virtual que debía reunir, obsesivamente, día con día. Obsesión que me alejó de otros juegos distintos, aventuras en otros mundos que nunca llegaron a desarrollarse porque debía constantemente reunir un pequeño tesoro para no agotar mi pobre cartera mes con mes. Al final me rendí y no he vuelto a tocar World of Warcraft desde hace más de medio año. Ahora, mi único contacto con Azeroth y sus habitantes (personas, lugares e historias ficticias que se habían vuelto reales para mí) son sólo artículos, videos y comentarios de quienes continúan jugando. Y lo extraño, lo extraño profundamente. Como se extraña un hogar en el que ya no vives. Como se extraña ese lugar especial donde, por un instante, pudiste sentirte parte de algo más grande.

Año: 2004
Estudio: Blizzard Entertainment
Plataformas:  Mac OS, Microsoft Windows
Género: MMORPG
https://worldofwarcraft.com/es-mx/

Post Author: Kelma Tal Qamar

Periodista de profesión, novelista por vocación, gamer por pasión. Hijo de los RTS y los MMORPG’s, acostumbro tomarme las cosas con calma y trabajar solo contra el mundo. Pero cuando estoy en tu equipo, ten por seguro que tendrás un healer que dará la vida por mantenerlos en pie. And don’t make me mad: tengo mejor puntería IRL que en los FPS. Soy Kelma, soy un gamer, y como ustedes y mis compañeros, soy Amissum.

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