Rise of Legends: La historia del niño y la noche

Yo nací como gamer a partir de los juegos de Estrategia en Tiempo Real (RTS): Age of Empires, Age of Mythology, Rise of Nations, Rise of Legends. De cada uno de estos títulos recuerdo mis primeras horas, con la claridad que sólo se puede tener cuando sabes que estás recordando los orígenes de algo sumamente importante. Y una de las que más disfruto recordar, es la historia de cómo empecé a jugar Rise of Legends.

El niño y la noche

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Era un fin de semana y ya era tarde para cuando regresamos de la plaza comercial. En una de las bolsas de compra venía una caja con un DVD. La portada era de un azul eléctrico y tenía escrita, en grandes letras de color metálico, “Rise of Nations: Rise of Legends”. En la parte de atrás, imágenes de magos de varios brazos, ciudades flotantes, robots, dragones, pirámides flotadoras y muchas más maravillas de fantasía y ciencia ficción.

No recuerdo qué edad tenía, pero lo más seguro es que estuviera en los últimos años de primaria. Era lo suficientemente grande como para poder utilizar la computadora como yo quisiera; pero aún así me imponían un límite de una hora al día. Para que no se me quemara el cerebro, decían, lo cual es increíblemente hilarante porque ahora mi trabajo consiste en, literalmente, estar frente a una computadora todo el día y escribir. Abrí la caja del juego, tomé el disco que venía dentro y lo metí dentro de la computadora familiar. La PC estaba (y su sucesora aún está) en el despacho de la planta baja, rodeada de libros y discos. Cuando casi finalizaba mi hora diaria de entretenimiento, apenas había logrado terminar de instalar el juego.

Ya era tarde, mi tiempo de computadora había terminado y debía irme a dormir. A pesar de mis reclamos y mis súplicas para jugar “sólo un ratito”, mis padres se impusieron y me sacaron del despacho. La puerta se cerró detrás de mí cuando salí y fue entonces que decidí hacer una de las cosas más maniáticas de toda mi vida: levantarme a la mitad de la noche, cuando todos estuvieran dormidos, bajar a escondidas y jugar.

Tomé todas las precauciones necesarias. Puse una alarma al punto de la medianoche, cuando mis padres y mi hermana estuvieran profundamente dormidos. La canción era una tranquila pero muy identificable para mí con el fin de no sobresaltar a nadie y despertarlos por accidente, el volumen de la alarma, apenas suficientemente alto para penetrar cualquier barrera de sueño que pudiera necesitar y unas pantuflas totalmente silenciosas, tan calientes que sólo eran aptas para las épocas de frío. Me dormí y unas horas después, mi alarma sonó.

Bajé con el mayor sigilo posible y encendí la computadora. A oscuras, no fuera a ser que notaran la luz con el rabillo del ojo. Bocinas desconectadas y brillo de la pantalla al mínimo, para evitar que la computadora me traicionara. La puerta del despacho entreabierta, para reducir el ruido de la máquina que quería escaparse por las escaleras y hacia el cuarto de mis padres y para poder escuchar si algún sonido se escuchaba y debía correr a la cocina para fingir una súbita y perfectamente entendible sed de medianoche.

Con el ordenador encendido y corriendo puse el disco de Rise of Legends en la PC. Conecté unos audífonos y volteé una última vez detrás de mí, como si esperara encontrar a mi padre enojado y listo para sacarme arrastrando de ahí. No había nadie. El juego comenzó, con un ruidoso video de tuberías y trabajadores ocupados en una planta de producción. Luego, una canción épica y un helicóptero steampunk salió del suelo, un hombre con bata de cuero viéndolo satisfecho desde la mitad de la pantalla.

No sé cuántas horas duró mi sesión esa noche, pero sé que terminé al menos la mitad de la primera campaña. Volteé un par de veces a lo largo de mi aventura, creyendo escuchar un sonido o ver una sombra a mis espaldas. Pero nada sucedió, nadie me sorprendió y me dirigí a la cama tan sigilosa y desapercibidamente como había salido. A la mañana siguiente, aunque cansado, seguía impune. Y hasta ahora, nadie se enteró de mi pequeña escaramuza. Un pequeño arranque, una forma de liberarme de las barreras que impedían a mi naciente gamer hacer lo que le placiera.

Una historia de un niño y una noche.

Año: 2006
Estudio: Big Huge Games
Plataformas: PC

Post Author: Kelma Tal Qamar

Periodista de profesión, novelista por vocación, gamer por pasión. Hijo de los RTS y los MMORPG’s, acostumbro tomarme las cosas con calma y trabajar solo contra el mundo. Tank y support son mis especialidades. Soy Kelma, soy un gamer, y como ustedes y mis compañeros, soy Amissum.

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